Abrir la segunda sucursal sin perder el control
Con un local, el control lo ponés vos: estás ahí, ves la caja, conocés a cada cliente. Con dos, ya no podés estar en los dos lugares. Lo que te mantiene al tanto no es tu presencia sino que cada local funcione con las mismas reglas y deje los números escritos.
Un encargado por local, con reglas claras
El primer cambio no es de sistema, es de personas. Cada sucursal necesita a alguien que responda por ella cuando vos no estás.
- Definí qué decide el encargado y qué no. Abrir y cerrar la caja, aprobar ventas, cargar gastos, pagarle al equipo: sí. Dar de alta servicios, cerrar el local o tocar la configuración del negocio: mejor que siga siendo tuyo.
- Que tenga alcance solo sobre su local. El encargado del centro no tiene por qué ver la caja del otro, ni aprobar ventas que no son suyas.
- Que lo que hace quede firmado. Si el encargado se toma un adelanto o abre la caja con una diferencia, tenés que enterarte sin preguntar.
Caja y liquidación, cada una en su local
La tentación es llevar «una sola caja» para todo. No funciona: el efectivo está en dos cajones distintos, y cada cajón tiene que poder cerrarse por su cuenta.
- Una caja por sucursal, con su apertura, su cierre y su diferencia. Si falta plata, sabés en qué local fue.
- Cada venta, en el local donde se hizo. Con su precio, su stock y su profesional.
- Las comisiones también se liquidan por local. Si alguien trabaja en los dos, lo que ganó en cada uno se paga desde cada uno. Mezclarlo hace que ninguno de los dos números de ganancia sea cierto.
- Pagá al equipo antes de cerrar un local. Una sucursal que deja de operar no debería quedar con liquidaciones pendientes.
Los adelantos son la excepción: la deuda es de la persona, no del local. Lo que se le prestó en una sucursal se le puede descontar en la otra.
Mirar todo junto sin mezclar
Separar no quiere decir perder la vista general. Necesitás poder pasar de un local al otro y también verlos sumados, sin que un número se cuele en el otro.
- Mismo catálogo, precios propios. Los servicios son los de la marca, pero cada local puede cobrarlos distinto y decidir cuáles ofrece. Un local en una zona más cara no tiene por qué tener la lista del otro.
- El local nuevo arranca con lo del primero: servicios y horario. Revisá que tenga sentido antes de abrir la agenda; los feriados y cierres sí se cargan de nuevo, porque son de cada lugar.
- Las finanzas, por local y en total. Facturación, gastos, comisiones y ganancia de cada sucursal, y la suma de todas.
Qué mirar cada semana
Un rato fijo por semana, siempre el mismo día, alcanza para no llevarte sorpresas:
- Las diferencias de caja de cada local. No el monto, el patrón: ¿siempre falta los sábados? ¿siempre en el mismo turno?
- La ganancia de cada sucursal, comparada. Si una factura parecido y gana mucho menos, mirá sus gastos y sus comisiones.
- Las ventas esperando aprobación. Una venta trabada es plata que no figura en ningún lado.
- Los avisos de stock. Qué falta y en qué local, antes de que lo pida un cliente.
- Lo que le debés al equipo. Liquidaciones y adelantos pendientes, por persona y por local.
Si esos cinco números están bien, el resto suele estarlo. Y si no, sabés exactamente por dónde empezar a preguntar.